Mirar los atardeceres, es como mirar el fuego, ves como continuamente va cambiando la escena, la intensidad de los colores, las sensaciones que producen, el calor que te transmite, las ideas que se te vienen a la cabeza, todo sin que intervengas en absoluto, la naturaleza lo hace por si misma, deleitándonos con una belleza inusitada, que va despareciendo lentamente hasta perder la luz y después estás un rato largo con esas sensaciones con las que te ha inundado la naturaleza, absorto en la nada, en una paz tal, que te da la sensación que el tiempo no transcurre.
¡Que suerte! cada día podemos disfrutar de lo mismo pero con sensaciones diferentes.